ANTROPOLOGÍA PLATÓNICA
EL SER HUMANO
Para Platón el hombre es un alma espiritual y eterna encerrada, encarcelada en un cuerpo. El auténtico y genuino yo del hombre es el alma, y su destino la sabiduría; el cuerpo no es más que su cárcel, su sepulcro, y un obstáculo que le impide dedicarse a su verdadero destino. Es cierto que Platón distingue en el hombre tres tipos de almas, pero sólo una de ellas, la racional, de naturaleza espiritual, es el auténtico hombre; las otras dos, la irascible y la concupiscible, son propias del cuerpo y desaparecen cuando éste muere.
Entre el cuerpo y el alma no existe más que una unión accidental, es decir, la única que se puede dar entre dos realidades plenamente constituidas y de naturaleza totalmente distinta, cuando se juntan la una con la otra. Las imágenes más frecuentes con las que Platón ilustra esta unión son las del jinete y el caballo, y las del timonel y la nave.
La influencia del orfismo y del pitagorismo en este punto parece evidente. Más aún. En alguno de sus diálogos, concretamente en el Fedón, Platón parece defender la teoría pitagórica de la “metempsícosis” o de la transmigración de las almas que vagan de un cuerpo a otro, tras la muerte del individuo.
El alma no es sólo la parte más importante del hombre, su auténtico y genuino yo, sino que, además, el alma del hombre es inmortal. Inmortal, porque va a seguir existiendo cuando el hombre –o mejor, el cuerpo del hombre- haya muerto, y, también, porque ha vivido en el mundo de las Ideas antes de unirse al cuerpo. Esta estancia del alma en el mundo auténtico era la que posibilitaba su concepción del conocimiento verdadero como reminiscencia. Para hablarnos de la naturaleza del alma, de su existencia antes de encontrarse encarcelada en un cuerpo, y de su destino, Platón recurre a varios símiles; el más importante es aquél en el que compara al alma humana con un carro alado, en el que el auriga, el conductor del carro, el alma racional, cuenta con un corcel noble y disciplinado, el alma irascible, y otro corcel de mala casta e indómito, el alma concupiscible.
Todos los símiles a los que recurre Platón para hablar de la naturaleza del alma –lo mismo que los relatos míticos que emplea para describir cómo vivía el alma antes de estar encarcelada en el cuerpo o por qué se vio obligada a esa encarcelación, y cuál es su destino después de la muerte- insisten en la necesidad de que el hombre se purifique mientras viva, puesto que en caso contrario se verá obligado a sucesivas encarnaciones en otros cuerpos, hasta conseguir esa purificación.
Lo importante de estos relatos no es tanto su contenido cuanto la idea que Platón quiere transmitir con ellos, y que no es otra que la de que no todas las conductas humanas son igualmente valiosas, como defendían los sofistas. Su preocupación fundamental es también, como en Sócrates, de carácter moral.
Ahora bien, ¿cómo se purifica el hombre? Como Platón piensa que el alma humana no es exclusivamente racional, que en el hombre hay tres almas –aunque jerarquizadas-, a la hora de señalar cuál ha de ser el ideal del comportamiento humano, afirma que el alma superior, que es la
racional, debe someter y dirigir a las otras dos almas, a la concupiscible y a la irascible, y dedicarse a su actividad propia que es el conocimiento; sólo entonces se alcanza la salud del alma.
1
SABIDURÍA Y VIRTUD
El principio socrático continúa, pues, actuando. La razón es el elemento fundamental en el hombre y, por eso, el perfeccionamiento del hombre consiste en que prevalezca en él, cada día más, el elemento racional sobre el pasional y el instintivo. Al desarrollarse el elemento racional, mediante la educación, no sólo se dominará mejor al corcel noble y al corcel indómito, sino que se conocerá mejor el Bien y, por tanto, se obrará mejor.
La virtud necesaria para alcanzar la sabiduría consiste en que el alma racional domine a las almas irascible y concupiscible. Cuando esto ocurre, el hombre camina hacia su perfección, aunque nunca la consiga totalmente por el lastre material que le supone el cuerpo. La imagen del auriga que marcha en un carro tirado por dos caballos y que únicamente corre bien cuando los domina ilustra muy bien la visión que del hombre y su quehacer tiene Platón.
La justificación de que sólo la sabiduría puede perfeccionar al hombre hay que
encontrarla en su concepción de la idea de Bien. La idea del Bien es la idea suprema, la idea que ocupa la cúspide en el mundo jerárquico de las ideas, y es la causa de todas las demás ideas y de todas las realidades de este mundo.
Sólo cuando el hombre, siguiendo el método de la dialéctica, llega a la captación de la idea misma de Bien, sólo entonces conoce de verdad qué es lo bueno, y si domina sus apetitos, puede obrar bien y convertirse en virtuoso. Como en Sócrates, la razón aplicada al conocimiento de la realidad proporciona conocimiento verdadero, y la verdad cobra así categoría moral, puesto que le es imprescindible al hombre para ser virtuoso.
ACTIVIDAD
1.- ¿Es coherente la teoría antropológica de Platón con la afirmación de la existencia de dos mundos? Justifica tu respuesta.
2.- ¿En qué sentido la teoría del conocimiento platónica es coherente con la concepción del ser humano que acabas de estudiar?
3.- Haz un esquema en el que muestres con claridad la relación que existe entre la ontología, la gnoseología y la antropología platónica.
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viernes, 15 de octubre de 2010
Teoría de Estado de Platón
EL IDEAL DE VIDA Y DE COMUNIDAD POLÍTICA EN PLATÓN
La concepción platónica del ideal de vida y comunidad política no es un producto
marginal u ocasional de su investigación, sino el objetivo último de su quehacer intelectual.
Platón, decepcionado por la organización política de la Atenas de su época –decepción
que alcanza su punto más alto al ser condenado a muerte su maestro Sócrates-, piensa que la razón
de la corrupción existente en la vida política se encuentra en el escepticismo sofista. Si, como éstos
afirman, no existe la verdad, si sólo vale la opinión, y todas las opiniones tienen el mismo valor, la
única política posible es la que se basa en la violencia física o económica.
Por eso frente a la afirmación sofista de que no se puede alcanzar la verdad, se sitúa al
lado de Sócrates que había reivindicado esta posibilidad para el hombre y había afirmado que,
utilizando la razón, se puede alcanzar la verdad, se puede hacer ciencia, y que ésta consiste en
afirmaciones universales, necesarias e inmutables.
Piensa que si la ciencia consiste en un conjunto de afirmaciones universales, necesarias
e inmutables y la ciencia existe y tiene valor, sólo puede ser porque existen objetos, realidades
universales, necesarias e inmutables. Y como estos objetos no existen en este mundo sensible,
compuesto todo él de cosas concretas y cambiantes (influencia del pensamiento de Heráclito),
tienen que tener su sede en “otro mundo”, en el mundo de las ideas. No existe, pues, sólo un mundo,
aquel en el que vivimos, sino dos: el mundo sensible, en el que estamos, y el mundo de las ideas.
Mas aún, de estos dos mundos, el auténtico es el “otro”, el de las ideas. El mundo sensible es solo
una copia, una imagen del mundo de las ideas.
Pero ¿dónde obtiene entonces el hombre sus conocimientos científicos si los objetos
universales, necesarios e inmutables no están en este mundo?
Platón soluciona este problema hablando de un hombre que es cuerpo, pero sobre todo
alma; un alma eterna, que ha vivido en el mundo auténtico de las ideas y que, aunque ha olvidado lo
visto en ese mundo al unirse al cuerpo, lo puede recordar al ver sus copias en el mundo sensible.
Esta concepción ontológica y antropológica determina la concepción ética y política de
Platón, su ideal de vida y de comunidad política. Si lo valioso del hombre es el alma, de naturaleza
espiritual, racional; si el cuerpo es solamente la cárcel del alma, el hombre deberá vivir de tal
manera que sea su alma espiritual la que dirija las dos almas materiales propias del cuerpo: el alma
irascible y el alma concupiscible. Para Platón la sociedad está fundamentada en la naturaleza
humana y no es sino una prolongación del organismo humano individual. Compuesta –lo mismo
que el hombre, por tres almas diferentes- por tres estamentos distintos, cada uno de los cuales
corresponde a una de las almas del individuo: los gobernantes, los guardianes y los productores. Y
si en el individuo era el alma racional la que debía dirigir a las otras dos, en la organización social
son los gobernantes los que deben dirigir a los guardianes y a los productores.
La sociedad sólo alcanzará y permitirá al individuo alcanzar la justicia en la medida en que
cada uno de los grupos sociales cumpla adecuadamente con sus funciones fundamentales.
1) Los gobernantes, que serán los filósofos o filósofas, las personas que han contemplado
la idea de Bien, aman a la ciudad más que los demás y son las únicas capaces de dirigir
con justicia su vida privada y la de los demás ciudadanos. Tienen como función
organizar la sociedad y dirigir a los ciudadanos hacia la consecución del bien común. Su
virtud propia es la sabiduría, la prudencia.
1
2) Los guardianes tienen como función defender el Estado contra sus enemigos exteriores
y contra las sediciones internas; su virtud específica es la fortaleza, y deben estar
sometidos a los gobernantes.
3) Los productores, que constituyen la clase más numerosa, tienen como función el
producir y elaborar los bienes de consumo necesarios para satisfacer las necesidades de
la comunidad; su virtud propia es la templanza, una especie de orden, de dominio y
disciplina de los placeres y deseos y constituye asimismo la capacidad de someterse del
modo conveniente a las clases superiores. La riqueza y los bienes materiales que son
administrados exclusivamente por esta clase, no deben ser ni demasiado, ni demasiado
escasos.
Solamente cuando estos tres grupos vivan en armonía, es decir, cuando cada uno
cumpla con sus funciones sin inmiscuirse en el campo de los demás, se dará el equilibrio social y se
realizará la justicia. Para Platón la justicia es lo que más necesitamos para ser felices.
Con el fin de que esta situación ideal de armonía y equilibrio se realice, Platón se preocupa,
además, de dar una serie de normas prácticas sobre cómo ha de ser tanto el tipo de educación como
el tipo de vida que han de llevar los miembros de cada uno de estos estamentos, especialmente los
gobernantes y los guardianes.
. La primera clase social no requiere una educación especial, porque las artes y los
oficios se aprenden fácilmente a través de la práctica. Para las clases de los guardianes,
Platón propuso la clásica educación gimnástico-musical, con objeto de robustecer de manera
adecuada aquel elemento de nuestra alma del cual procede el valor y la fortaleza. En esta
clase, Platón propuso la comunidad de todos los bienes: comunidad de los maridos y de las
mujeres, y por lo tanto de los hijos, y la abolición de toda propiedad de bienes materiales.
Era responsabilidad dde la clase inferior –poseedora de la riqueza- proveer a las necesidades
materiales de los guardianes. Los hombres y las mujeres de esta clase deben recibir idéntica
educación y ocupar cargos idénticos. Los hijos, apartados enseguida de sus padres, deben ser
criados y educados en sitios oportunos, sin que conozcan a sus propios padres. Esta
concepción teórica tan aventurada fue sugerida por Platón con la intención de crear una
especie de gran familia, en la que todos se amasen como padres, madres, hijos, hermanos,
hermanas, parientes. Creía que de esta forma se eliminarían las razones que alimentan el
egoísmo y las barreras de “lo mío” y “lo tuyo”. Todos tendrían que decir “lo nuestro”. El
bien privado debería transformarse en bien común.
La educación que Platón proponía para los gobernantes coincidía con el aprendizaje
requerido para dominar la filosofía (dada la coincidencia existente entre verdadero filósofo y
verdadero político) y debía durar hasta los 50 años (Platón lo calificaba de “largo camino”).
Entre los 30 y los 35 años tenía lugar el aprendizaje más difícil, es decir, el enfrentamiento
con la dialéctica, y desde los 35 hasta los 50 años había que reemprender los contactos con
la realidad empírica, desempeñando diversos cargos oficiales. La finalidad de la educación
del político-filósofo consistía en llegar a conocer y contemplar el Bien, con objeto de
implantar más tarde el propio bien en la realidad histórica. De esta manera, el Bien emerge
como primer principio, del cual depende todo el mundo político-ideal; el Bien es
considerado como fundamento de la ciudad y del actuar
2
En la utopía que Platón nos presenta en la “República” Platón defiende la absoluta
igualdad entre hombres y mujeres. Ellas deben recibir la misma educación y tener las mismas
oportunidades que los hombres. Serán sus capacidades las que determinen si serán productoras,
guerreras o filósofas-gobernantes.
La familia queda suprimida. Se elimina la propiedad privada para guerreros y filósofosgobernantes,
con la finalidad de que no actúen movidos por sus intereses particulares, sino por el
bien común.
La función social que cada persona debe cumplir en la sociedad no viene determinada
por su género ni por la clase social en la que nació: depende de las propias capacidades de cada
cual, y todos tendrán las mismas oportunidades educativas. Por eso, a pesar de que Platón no
confiaba en la democracia, su propuesta es bastante progresista e incluso supera bastantes
limitaciones del sistema democrático ateniense, que marginaba a esclavos, mujeres y extranjeros.
En obras posteriores a la “República” Platón modificó en parte sus teorías ante la
dificultad de encontrar auténticos sabios-gobernantes. Por eso propone sustituir el gobierno de los
sabios por el gobierno de las leyes, de modo que también los gobernantes tengan que someterse al
ordenamiento jurídico.
Entre la diversidad de regímenes políticos conocidos en la época, Platón estableció una
escala en la que estos regímenes van degenerando desde el más perfecto hasta el peor de todos:
1. MONARQUÍA O ARISTROCRACIA
Es la forma más perfecta. Es el gobierno de los filósofos o filósofas.
2. TIMOCRACIA.
Predomina la clase militar, que oprime al pueblo apoderándose de todas las riquezas.
3. OLIGARQUÍA.
Las riquezas quedan concentradas en una pequeña minoría. En la ciudad hay dos clases sociales
antagónicas: los oligarcas, que acaparan todas las riquezas, y la multitud empobrecida. Para poder
dominar al pueblo miserable los oligarcas imponen el terror, mientras el pueblo aguarda la ocasión
de derrocarles.
4. DEMOCRACIA.
Una vez exterminados o expulsados los oligarcas, el pueblo se apodera del gobierno. Entonces
cada cual hace lo que le da la gana, dejándose llevar por sus deseos. Todos se creen capaces de regir
la ciudad.
5. TIRANÍA.
En este exceso de libertad, se imponen los más violentos. Los demagogos se hacen con el poder
y, finalmente, un tirano suprime por completo la libertad. Entonces impera el mayor grado posible
de injusticia y de desorden. Es la mayor degeneración posible de las formas de gobierno.
En el mito de la caverna Platón nos narra a través de metáforas bellísimas su ideal
de vida. En este relato, que aún hoy tiene tanto que decirnos, se recoge
simbólicamente el pensamiento de Platón que acabamos de exponer. La caverna
fue la imagen utilizada por Platón para describir las vidas carentes de filosofía.
La concepción platónica del ideal de vida y comunidad política no es un producto
marginal u ocasional de su investigación, sino el objetivo último de su quehacer intelectual.
Platón, decepcionado por la organización política de la Atenas de su época –decepción
que alcanza su punto más alto al ser condenado a muerte su maestro Sócrates-, piensa que la razón
de la corrupción existente en la vida política se encuentra en el escepticismo sofista. Si, como éstos
afirman, no existe la verdad, si sólo vale la opinión, y todas las opiniones tienen el mismo valor, la
única política posible es la que se basa en la violencia física o económica.
Por eso frente a la afirmación sofista de que no se puede alcanzar la verdad, se sitúa al
lado de Sócrates que había reivindicado esta posibilidad para el hombre y había afirmado que,
utilizando la razón, se puede alcanzar la verdad, se puede hacer ciencia, y que ésta consiste en
afirmaciones universales, necesarias e inmutables.
Piensa que si la ciencia consiste en un conjunto de afirmaciones universales, necesarias
e inmutables y la ciencia existe y tiene valor, sólo puede ser porque existen objetos, realidades
universales, necesarias e inmutables. Y como estos objetos no existen en este mundo sensible,
compuesto todo él de cosas concretas y cambiantes (influencia del pensamiento de Heráclito),
tienen que tener su sede en “otro mundo”, en el mundo de las ideas. No existe, pues, sólo un mundo,
aquel en el que vivimos, sino dos: el mundo sensible, en el que estamos, y el mundo de las ideas.
Mas aún, de estos dos mundos, el auténtico es el “otro”, el de las ideas. El mundo sensible es solo
una copia, una imagen del mundo de las ideas.
Pero ¿dónde obtiene entonces el hombre sus conocimientos científicos si los objetos
universales, necesarios e inmutables no están en este mundo?
Platón soluciona este problema hablando de un hombre que es cuerpo, pero sobre todo
alma; un alma eterna, que ha vivido en el mundo auténtico de las ideas y que, aunque ha olvidado lo
visto en ese mundo al unirse al cuerpo, lo puede recordar al ver sus copias en el mundo sensible.
Esta concepción ontológica y antropológica determina la concepción ética y política de
Platón, su ideal de vida y de comunidad política. Si lo valioso del hombre es el alma, de naturaleza
espiritual, racional; si el cuerpo es solamente la cárcel del alma, el hombre deberá vivir de tal
manera que sea su alma espiritual la que dirija las dos almas materiales propias del cuerpo: el alma
irascible y el alma concupiscible. Para Platón la sociedad está fundamentada en la naturaleza
humana y no es sino una prolongación del organismo humano individual. Compuesta –lo mismo
que el hombre, por tres almas diferentes- por tres estamentos distintos, cada uno de los cuales
corresponde a una de las almas del individuo: los gobernantes, los guardianes y los productores. Y
si en el individuo era el alma racional la que debía dirigir a las otras dos, en la organización social
son los gobernantes los que deben dirigir a los guardianes y a los productores.
La sociedad sólo alcanzará y permitirá al individuo alcanzar la justicia en la medida en que
cada uno de los grupos sociales cumpla adecuadamente con sus funciones fundamentales.
1) Los gobernantes, que serán los filósofos o filósofas, las personas que han contemplado
la idea de Bien, aman a la ciudad más que los demás y son las únicas capaces de dirigir
con justicia su vida privada y la de los demás ciudadanos. Tienen como función
organizar la sociedad y dirigir a los ciudadanos hacia la consecución del bien común. Su
virtud propia es la sabiduría, la prudencia.
1
2) Los guardianes tienen como función defender el Estado contra sus enemigos exteriores
y contra las sediciones internas; su virtud específica es la fortaleza, y deben estar
sometidos a los gobernantes.
3) Los productores, que constituyen la clase más numerosa, tienen como función el
producir y elaborar los bienes de consumo necesarios para satisfacer las necesidades de
la comunidad; su virtud propia es la templanza, una especie de orden, de dominio y
disciplina de los placeres y deseos y constituye asimismo la capacidad de someterse del
modo conveniente a las clases superiores. La riqueza y los bienes materiales que son
administrados exclusivamente por esta clase, no deben ser ni demasiado, ni demasiado
escasos.
Solamente cuando estos tres grupos vivan en armonía, es decir, cuando cada uno
cumpla con sus funciones sin inmiscuirse en el campo de los demás, se dará el equilibrio social y se
realizará la justicia. Para Platón la justicia es lo que más necesitamos para ser felices.
Con el fin de que esta situación ideal de armonía y equilibrio se realice, Platón se preocupa,
además, de dar una serie de normas prácticas sobre cómo ha de ser tanto el tipo de educación como
el tipo de vida que han de llevar los miembros de cada uno de estos estamentos, especialmente los
gobernantes y los guardianes.
. La primera clase social no requiere una educación especial, porque las artes y los
oficios se aprenden fácilmente a través de la práctica. Para las clases de los guardianes,
Platón propuso la clásica educación gimnástico-musical, con objeto de robustecer de manera
adecuada aquel elemento de nuestra alma del cual procede el valor y la fortaleza. En esta
clase, Platón propuso la comunidad de todos los bienes: comunidad de los maridos y de las
mujeres, y por lo tanto de los hijos, y la abolición de toda propiedad de bienes materiales.
Era responsabilidad dde la clase inferior –poseedora de la riqueza- proveer a las necesidades
materiales de los guardianes. Los hombres y las mujeres de esta clase deben recibir idéntica
educación y ocupar cargos idénticos. Los hijos, apartados enseguida de sus padres, deben ser
criados y educados en sitios oportunos, sin que conozcan a sus propios padres. Esta
concepción teórica tan aventurada fue sugerida por Platón con la intención de crear una
especie de gran familia, en la que todos se amasen como padres, madres, hijos, hermanos,
hermanas, parientes. Creía que de esta forma se eliminarían las razones que alimentan el
egoísmo y las barreras de “lo mío” y “lo tuyo”. Todos tendrían que decir “lo nuestro”. El
bien privado debería transformarse en bien común.
La educación que Platón proponía para los gobernantes coincidía con el aprendizaje
requerido para dominar la filosofía (dada la coincidencia existente entre verdadero filósofo y
verdadero político) y debía durar hasta los 50 años (Platón lo calificaba de “largo camino”).
Entre los 30 y los 35 años tenía lugar el aprendizaje más difícil, es decir, el enfrentamiento
con la dialéctica, y desde los 35 hasta los 50 años había que reemprender los contactos con
la realidad empírica, desempeñando diversos cargos oficiales. La finalidad de la educación
del político-filósofo consistía en llegar a conocer y contemplar el Bien, con objeto de
implantar más tarde el propio bien en la realidad histórica. De esta manera, el Bien emerge
como primer principio, del cual depende todo el mundo político-ideal; el Bien es
considerado como fundamento de la ciudad y del actuar
2
En la utopía que Platón nos presenta en la “República” Platón defiende la absoluta
igualdad entre hombres y mujeres. Ellas deben recibir la misma educación y tener las mismas
oportunidades que los hombres. Serán sus capacidades las que determinen si serán productoras,
guerreras o filósofas-gobernantes.
La familia queda suprimida. Se elimina la propiedad privada para guerreros y filósofosgobernantes,
con la finalidad de que no actúen movidos por sus intereses particulares, sino por el
bien común.
La función social que cada persona debe cumplir en la sociedad no viene determinada
por su género ni por la clase social en la que nació: depende de las propias capacidades de cada
cual, y todos tendrán las mismas oportunidades educativas. Por eso, a pesar de que Platón no
confiaba en la democracia, su propuesta es bastante progresista e incluso supera bastantes
limitaciones del sistema democrático ateniense, que marginaba a esclavos, mujeres y extranjeros.
En obras posteriores a la “República” Platón modificó en parte sus teorías ante la
dificultad de encontrar auténticos sabios-gobernantes. Por eso propone sustituir el gobierno de los
sabios por el gobierno de las leyes, de modo que también los gobernantes tengan que someterse al
ordenamiento jurídico.
Entre la diversidad de regímenes políticos conocidos en la época, Platón estableció una
escala en la que estos regímenes van degenerando desde el más perfecto hasta el peor de todos:
1. MONARQUÍA O ARISTROCRACIA
Es la forma más perfecta. Es el gobierno de los filósofos o filósofas.
2. TIMOCRACIA.
Predomina la clase militar, que oprime al pueblo apoderándose de todas las riquezas.
3. OLIGARQUÍA.
Las riquezas quedan concentradas en una pequeña minoría. En la ciudad hay dos clases sociales
antagónicas: los oligarcas, que acaparan todas las riquezas, y la multitud empobrecida. Para poder
dominar al pueblo miserable los oligarcas imponen el terror, mientras el pueblo aguarda la ocasión
de derrocarles.
4. DEMOCRACIA.
Una vez exterminados o expulsados los oligarcas, el pueblo se apodera del gobierno. Entonces
cada cual hace lo que le da la gana, dejándose llevar por sus deseos. Todos se creen capaces de regir
la ciudad.
5. TIRANÍA.
En este exceso de libertad, se imponen los más violentos. Los demagogos se hacen con el poder
y, finalmente, un tirano suprime por completo la libertad. Entonces impera el mayor grado posible
de injusticia y de desorden. Es la mayor degeneración posible de las formas de gobierno.
En el mito de la caverna Platón nos narra a través de metáforas bellísimas su ideal
de vida. En este relato, que aún hoy tiene tanto que decirnos, se recoge
simbólicamente el pensamiento de Platón que acabamos de exponer. La caverna
fue la imagen utilizada por Platón para describir las vidas carentes de filosofía.
¿Vale la pena vivir sin filosofía?
jueves, 14 de octubre de 2010
CONTEXTOS FILOSOFÍA
CONTEXTOS FILOSÓFICOS:
1. DESARROLLO DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA
La filosofía de la Grecia Antigua abarcó un extenso período de más de cuatrocientos años,
extendiéndose desde la primera mitad del siglo VI a.C. hasta la segunda mitad del siglo II a.C.
La ingente cantidad de filósofos de esta época puede ser agrupada por orden cronológico
coincidiendo con la temática principal, de forma que obtenemos cuatro etapas:
La etapa cosmológica o de filosofía de la Phycis (siglo VI a.C.), a la que pertenecen los
filósofos presocráticos que centraron su interés en la naturaleza y su origen.
La etapa antropológica (siglo V a.C.), a la que pertenecen los sofistas y Sócrates, pensadores
que aparcaron la preocupación por la naturaleza y se interesaron más por el hombre, la
sociedad y las cuestiones políticas y morales.
La etapa de los grandes sistemas (siglos V y IV a.C.), a la que pertenecen los dos autores más
destacados, Platón y Aristóteles, capaces de crear complejos sistemas de pensamiento que
recogen toda la problemática filosófica, desde la ontología hasta la política y la ética.
La etapa de las escuelas helenísticas (siglos IV al II a.C.), a la que pertenecen corrientes y
tendencias como el escepticismo, el epicureismo y el estoicismo.
Desarrollamos ahora brevemente cada una de estas etapas. Los presocráticos –(filósofos anteriores
a Sócrates)- no constituyen una escuela única y vivieron en diferentes polis diseminadas por Asia
Menor (costa mediterránea de la actual Turquía) y la Magna Grecia (Italia). Comparten el empeño de
encontrar un principio explicativo de la naturaleza que denominaron arjé, con los rasgos de origen,
sustrato y causa. El arjé permitiría así agrupar la multiplicidad natural bajo una misma unidad: todo se
compone de los mismos elementos originarios que permanecen aunque las cosas se corrompan o
transformen. Respecto a la naturaleza de esos principios y a su número las respuestas fueron diversas:
los jonios o milesios -(Tales, Anaximandro y Anaxímenes)- defienden un monismo material, los
pitagóricos afirman que los números son los componentes esenciales de todo y los pluralistas
materialistas –(Empédocles, Anaxágoras y Demócrito)- identifican el arjé con varios elementos
materiales. Especial importancia tiene la controversia entre Parménides y Heráclito, pues es expresión
de un problema capital del que se ocuparán después Platón y Aristóteles: la cuestión ser-unidad de
Parménides frente al devenir-multiplicidad de Heráclito. Mientras éste último afirma que la realidad es
una diversidad en continuo cambio, Parménides niega realidad al movimiento y la multiplicidad y
defiende que el Ser es único e inmutable, características que después Platón otorgará a las Ideas.
La diversidad dispar de planteamientos presocráticos sobre la physis provocó el giro antropológico
protagonizado por los sofistas y Sócrates. Los sofistas –con Protágoras y Gorgias al frente- fueron
pensadores, relativistas y escépticos en lo epistemológico, que se instalaron en la Atenas del siglo V
a.C. atraídos por la efervescencia democrática de la ciudad y en un momento idóneo para impartir sus
enseñanzas de retórica y oratoria, cobrando por ello a ciudadanos que buscaban el triunfo político o
simplemente defenderse públicamente en caso de ser llevados a juicio. Por su parte Sócrates, aunque
compartió con los sofistas las mismas preocupaciones filosóficas, combatió, al igual que su discípulo
Platón, el relativismo y escepticismo sofista firmemente convencidos de la existencia de verdades
universales innatas al alma que el hombre debe descubrir y conocer para llevar una vida virtuosa en lo
privado y en lo público. Esta concepción de la virtud moral como sabiduría o conocimiento
denominada intelectualismo moral influirá en Aristóteles y en las escuelas del período helenístico.
Los dos grandes sistematizadores, Platón y Aristóteles, recogen todas las aportaciones previas y
contribuyen con novedosas y originales soluciones a los mismos problemas que han permanecido
vigentes hasta la actualidad. Además del intelectualismo –que aplica fundamentalmente a la esfera
política, pues su interés prioritario fue el ideal utópico de la justicia en la polis, ideal que desembocó
en la idea del filósofo-gobernante- y de la existencia de verdades universales innatas, Platón hereda
de Sócrates la concepción dialógica de la filosofía, escribiendo sus obras en forma de diálogos cuyo
personaje central es el mismo Sócrates y recurriendo con frecuencia al uso del mito, siendo el más
afamado el mito de la Caverna, que aparece en La República y que puede considerarse una síntesis de
todo su pensamiento.
Aristóteles, alumno aventajado de la academia que fundó Platón, se fue alejando progresivamente
de diversas tesis de su maestro y, con un espíritu más realista y empirista reconoció la importancia de
la experiencia sensible en el conocimiento frente al innatismo de Platón (el debate epistemológico
experiencia frente a razón reaparecerá con gran fuerza en el enfrentamiento empirismo-racionalismo
de la Edad Moderna). También rechazó la teoría platónica de las Ideas, pues la causa formal o esencia
no puede estar fuera de las cosas en un mundo separado, sino que el universal o esencia está en las
cosas mismas, cosas que son sustancias que tienden a alcanzar la perfección adecuada a su naturaleza,
otorgando así prioridad a la causa final –teleologismo- y completando, con la causa material y
eficiente, la teoría de las causas iniciada con los presocráticos. Otras notables diferencias se sitúan en
el ámbito antropológico, -donde Aristóteles niega la inmortalidad platónica del alma y sostiene su
unión sustancial al cuerpo como causa vital-, y en el problema presocrático del movimiento en la
naturaleza, -si Parménides y Platón habían negado realidad al movimiento y habían imposibilitado la
física como ciencia, Aristóteles convierte el cambio en la cuestión central de la ciencia física y lo
concibe no como un paso del no ser al ser (cosa imposible) sino como paso de lo que aún no se es
pero se puede llegar a ser (ser en potencia) a ser lo que ya se es (ser en acto). Pero estas diferencias no
ocultan claras similitudes en ética –el intelectualismo ya mencionado-; en política –la natural
sociabilidad del hombre y el bien común por encima del individual; y respecto a la concepción del
conocimiento como conocimiento universal y necesario de la esencia frente al relativismo sofista.
Por último, en la etapa de las escuelas del período helenístico se produce la desaparición de las
polis y el consiguiente abandono del interés por los asuntos públicos, centrando la atención en la
felicidad del individuo considerado individualmente. Las diferencias fundamentales entre estas
tendencias residen en los medios de lograr la felicidad: en el epicureismo, con Epicuro al frente,
mediante el placer; en el estoicismo de Zenón de Citio viviendo conforme a la naturaleza y aceptando
su necesidad y en el escepticismo de Pirrón a través de la ataraxia y la negación del conocimiento
1. DESARROLLO DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA
La filosofía de la Grecia Antigua abarcó un extenso período de más de cuatrocientos años,
extendiéndose desde la primera mitad del siglo VI a.C. hasta la segunda mitad del siglo II a.C.
La ingente cantidad de filósofos de esta época puede ser agrupada por orden cronológico
coincidiendo con la temática principal, de forma que obtenemos cuatro etapas:
La etapa cosmológica o de filosofía de la Phycis (siglo VI a.C.), a la que pertenecen los
filósofos presocráticos que centraron su interés en la naturaleza y su origen.
La etapa antropológica (siglo V a.C.), a la que pertenecen los sofistas y Sócrates, pensadores
que aparcaron la preocupación por la naturaleza y se interesaron más por el hombre, la
sociedad y las cuestiones políticas y morales.
La etapa de los grandes sistemas (siglos V y IV a.C.), a la que pertenecen los dos autores más
destacados, Platón y Aristóteles, capaces de crear complejos sistemas de pensamiento que
recogen toda la problemática filosófica, desde la ontología hasta la política y la ética.
La etapa de las escuelas helenísticas (siglos IV al II a.C.), a la que pertenecen corrientes y
tendencias como el escepticismo, el epicureismo y el estoicismo.
Desarrollamos ahora brevemente cada una de estas etapas. Los presocráticos –(filósofos anteriores
a Sócrates)- no constituyen una escuela única y vivieron en diferentes polis diseminadas por Asia
Menor (costa mediterránea de la actual Turquía) y la Magna Grecia (Italia). Comparten el empeño de
encontrar un principio explicativo de la naturaleza que denominaron arjé, con los rasgos de origen,
sustrato y causa. El arjé permitiría así agrupar la multiplicidad natural bajo una misma unidad: todo se
compone de los mismos elementos originarios que permanecen aunque las cosas se corrompan o
transformen. Respecto a la naturaleza de esos principios y a su número las respuestas fueron diversas:
los jonios o milesios -(Tales, Anaximandro y Anaxímenes)- defienden un monismo material, los
pitagóricos afirman que los números son los componentes esenciales de todo y los pluralistas
materialistas –(Empédocles, Anaxágoras y Demócrito)- identifican el arjé con varios elementos
materiales. Especial importancia tiene la controversia entre Parménides y Heráclito, pues es expresión
de un problema capital del que se ocuparán después Platón y Aristóteles: la cuestión ser-unidad de
Parménides frente al devenir-multiplicidad de Heráclito. Mientras éste último afirma que la realidad es
una diversidad en continuo cambio, Parménides niega realidad al movimiento y la multiplicidad y
defiende que el Ser es único e inmutable, características que después Platón otorgará a las Ideas.
La diversidad dispar de planteamientos presocráticos sobre la physis provocó el giro antropológico
protagonizado por los sofistas y Sócrates. Los sofistas –con Protágoras y Gorgias al frente- fueron
pensadores, relativistas y escépticos en lo epistemológico, que se instalaron en la Atenas del siglo V
a.C. atraídos por la efervescencia democrática de la ciudad y en un momento idóneo para impartir sus
enseñanzas de retórica y oratoria, cobrando por ello a ciudadanos que buscaban el triunfo político o
simplemente defenderse públicamente en caso de ser llevados a juicio. Por su parte Sócrates, aunque
compartió con los sofistas las mismas preocupaciones filosóficas, combatió, al igual que su discípulo
Platón, el relativismo y escepticismo sofista firmemente convencidos de la existencia de verdades
universales innatas al alma que el hombre debe descubrir y conocer para llevar una vida virtuosa en lo
privado y en lo público. Esta concepción de la virtud moral como sabiduría o conocimiento
denominada intelectualismo moral influirá en Aristóteles y en las escuelas del período helenístico.
Los dos grandes sistematizadores, Platón y Aristóteles, recogen todas las aportaciones previas y
contribuyen con novedosas y originales soluciones a los mismos problemas que han permanecido
vigentes hasta la actualidad. Además del intelectualismo –que aplica fundamentalmente a la esfera
política, pues su interés prioritario fue el ideal utópico de la justicia en la polis, ideal que desembocó
en la idea del filósofo-gobernante- y de la existencia de verdades universales innatas, Platón hereda
de Sócrates la concepción dialógica de la filosofía, escribiendo sus obras en forma de diálogos cuyo
personaje central es el mismo Sócrates y recurriendo con frecuencia al uso del mito, siendo el más
afamado el mito de la Caverna, que aparece en La República y que puede considerarse una síntesis de
todo su pensamiento.
Aristóteles, alumno aventajado de la academia que fundó Platón, se fue alejando progresivamente
de diversas tesis de su maestro y, con un espíritu más realista y empirista reconoció la importancia de
la experiencia sensible en el conocimiento frente al innatismo de Platón (el debate epistemológico
experiencia frente a razón reaparecerá con gran fuerza en el enfrentamiento empirismo-racionalismo
de la Edad Moderna). También rechazó la teoría platónica de las Ideas, pues la causa formal o esencia
no puede estar fuera de las cosas en un mundo separado, sino que el universal o esencia está en las
cosas mismas, cosas que son sustancias que tienden a alcanzar la perfección adecuada a su naturaleza,
otorgando así prioridad a la causa final –teleologismo- y completando, con la causa material y
eficiente, la teoría de las causas iniciada con los presocráticos. Otras notables diferencias se sitúan en
el ámbito antropológico, -donde Aristóteles niega la inmortalidad platónica del alma y sostiene su
unión sustancial al cuerpo como causa vital-, y en el problema presocrático del movimiento en la
naturaleza, -si Parménides y Platón habían negado realidad al movimiento y habían imposibilitado la
física como ciencia, Aristóteles convierte el cambio en la cuestión central de la ciencia física y lo
concibe no como un paso del no ser al ser (cosa imposible) sino como paso de lo que aún no se es
pero se puede llegar a ser (ser en potencia) a ser lo que ya se es (ser en acto). Pero estas diferencias no
ocultan claras similitudes en ética –el intelectualismo ya mencionado-; en política –la natural
sociabilidad del hombre y el bien común por encima del individual; y respecto a la concepción del
conocimiento como conocimiento universal y necesario de la esencia frente al relativismo sofista.
Por último, en la etapa de las escuelas del período helenístico se produce la desaparición de las
polis y el consiguiente abandono del interés por los asuntos públicos, centrando la atención en la
felicidad del individuo considerado individualmente. Las diferencias fundamentales entre estas
tendencias residen en los medios de lograr la felicidad: en el epicureismo, con Epicuro al frente,
mediante el placer; en el estoicismo de Zenón de Citio viviendo conforme a la naturaleza y aceptando
su necesidad y en el escepticismo de Pirrón a través de la ataraxia y la negación del conocimiento
NUEVAS INDICACIONES PARA 2º BTO.
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
2010 - 2011
ÍNDICE
1. ASESORES
2. CONTENIDOS DE LA PRUEBA
3. ESTRUCTURA DE LA PRUEBA Y FORMULACIÓN DE LAS CUESTIONES
4. CRITERIOS DE CORRECCIÓN Y CALIFICACIÓN
5. TEXTOS PARA SELECTIVIDAD
6. UN MODELO DE EXAMEN
7. ALGUNAS INDICACIONES FILOSÓFICAS PARA EL TEXTO DE HABERMAS
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1. ASESORES
- Fco. Javier Espinosa, profesor Titular de Filosofía de la Facultad de Humanidades de Cuenca. Dirección de correo electrónico: Javier.Espinosa@uclm.es. Teléfono de la Universidad: 969 179100 ext. 4327.
- Cristina Alberca González., profesora del I.E.S Juan Bosco de Alcázar de S. Juan. Dirección de correo electrónico: calberca@iesjuanbosco.org Teléfono de su centro de trabajo: 926540369.
2. CONTENIDOS DE LA PRUEBA
Son los que señala el Decreto 85/2008, de 17-06-2008 de la Consejería de Educación y Ciencia de Castilla-La Mancha. En concreto:
BLOQUE A: ORIGEN DE LA FILOSOFÍA
Los orígenes del pensamiento filosófico
Sócrates y Platón
Aristóteles
BLOQUE B: FILOSOFÍA MEDIEVAL
Filosofía y religión. Agustín de Hipona
Tomás de Aquino y la filosofía escolástica
La crisis de la Escolástica medieval y el desarrollo científico del siglo XIV. Guillermo de Ockham
BLOQUE C: FILOSOFÍA MODERNA
El pensamiento renacentista: la matematización de la naturaleza, el concepto del hombre y la fundamentación moderna de la política. Nicolás Maquiavelo.
La revolución científica.
El racionalismo continental: Descartes.
La filosofía empirista: de Locke a Hume.
La Ilustración. El idealismo trascendental: Kant. La filosofía política: el fundamento de la democracia: Rousseau.
BLOQUE D: FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA
Hegel. Idealismo y dialéctica. La filosofía marxista: Carlos Marx.
La crisis de la razón ilustrada: Nietzsche.
La filosofía analítica y sus principales representantes.
Otras corrientes filosóficas del siglo XX
La filosofía española.
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3. ESTRUCTURA DE LA PRUEBA Y FORMULACIÓN DE LAS CUESTIONES
En la reunión que tuvimos los coordinadores con los miembros de la Comisión y el Jefe del Departamento de Filosofía el día 14 de septiembre de 2010 tuvimos como punto de partida una serie de criterios que deberían regir la prueba:
- Que no hubiera un listado delimitado de temas para no posibilitar que algunos alumnos pudieran copiar por los nuevos medios electrónicos, siguiendo las indicaciones que el Secretario de la Comisión había dado a los asesores de todas las materias en la reunión del 13 de septiembre de 2010.
- Que la prueba debía estar adaptada al nivel de los alumnos y el tiempo lectivo de la asignatura en 2º de Bachillerato.
- Que había que potenciar que la prueba discriminase a los mejores alumnos.
- Que la prueba no pudiera posibilitar correcciones distorsionadas al alza o a la baja.
Teniendo en cuenta estos criterios y los contenidos obligatorios que indica el Decreto 85/2008, de 17-06-2008 de la Consejería de Educación y Ciencia de Castilla-La Mancha, los coordinadores de la materia y la Comisión hemos acordado la siguiente estructura de la prueba:
1ª Cuestión
Esta primera cuestión es sobre visiones panorámicas de las épocas de la filosofía. Esta pregunta sirve para valorar la competencia del alumnado para integrar las respuestas dadas a lo largo de la historia a los distintos problemas filosóficos y manifestar una comprensión sistemática de la filosofía (criterio de evaluación nº 3 del Decreto 85/2008, de 17-06-2008 de la Consejería de Educación y Ciencia de Castilla-La Mancha). Es, por tanto, importante que los alumnos sepan presentar visiones panorámicas de diferentes épocas en filosofía narrando el devenir de la filosofía sin hacer una mera yuxtaposición de autores, sino mediante una exposición coherente y pensada (criterio de evaluación nº 3 del Decreto).
Esta pregunta es especialmente pertinente para evaluar algunos contenidos muy generales del currículo del Decreto, como Los orígenes del pensamiento filosófico, El pensamiento renacentista, La revolución científica u Otras corrientes filosóficas del siglo XX.
Como se ha señalado anteriormente, no hay un listado de preguntas para esta cuestión, pero no se exige al alumno nada que no venga explícitamente señalado en los contenidos del Decreto. Ejemplos de esta primera pregunta:
- ¿Cuáles fueron los problemas filosóficos en el mundo antiguo y qué soluciones les dieron los filósofos de esta época?
- Presenta una visión panorámica de la historia de la filosofía desde Agustín de Hipona a la crisis de la Escolástica medieval
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- Principales corrientes filosóficas y filósofos de la Modernidad
- Corrientes de filosofía en el siglo XX, con atención individualizada a la filosofía española.
2ª Cuestión
En esta segunda cuestión se abordarán los filósofos que vienen en el programa. Los filósofos que explícitamente menciona el Decreto son: Sócrates, Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Guillermo de Ockham, Maquiavelo, Descartes, Locke, Hume, Kant, Rousseau, Hegel, Marx, Nietzsche. No tienen la misma importancia en la Historia de la Filosofía. Así no se puede comparar la función de Platón en la Historia de la Filosofía con la de Ockham, por ejemplo, ni la de Kant con la de Maquiavelo. Por eso, siguiendo la terminología del decreto, en Platón o Kant es natural pedir el conocimiento de las grandes líneas de su pensamiento, mientras que en otros bastará con conocer algún aspecto relevante.
En esta cuestión tampoco hay listado de temas definido, pero los coordinadores delimitarán cuáles son las grandes líneas de los autores más importantes y cuáles los aspectos de los filósofos no tan relevantes, lo que el alumno deberá conocer y adaptar reflexivamente al perfil de las preguntas que encuentre en el examen, siendo capaz de hacer una exposición clara y ordenada.
Ejemplos de preguntas de esta segunda cuestión:
o Contraposición entre mundo sensible e inteligible en Platón
o ¿Cuál debe ser la relación entre la Iglesia y el poder civil en Ockham?
o La razón teórica y la razón práctica en Kant
o ¿Cómo argumenta Descartes el cogito ergo sum a partir de la duda metódica?
3ª Cuestión
Igual que la anterior pero referida a otra época y otro bloque de contenidos.
4ª Cuestión
Igual que la anterior pero referida a otro filósofo distinto de los dos anteriores
5ª Cuestión
Será un comentario de texto. Se pondrá un texto de la antología de textos que ponemos más abajo. El alumno tendrá que situar al autor en su momento histórico, señalar el tema o el problema del texto, indicar las ideas principales, mostrar las relaciones entre ellas, explicarlas y responder a una pregunta de reflexión sobre la vigencia actual del texto, pregunta que será individualizada para cada texto y cada vez que aparezca el texto en un examen.
NOTA: es difícil casar las posibilidades del examen completamente (porque hay muchos más autores y textos en la época moderna y contemporánea que en la antigua y
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medieval, de acuerdo con lo que señala la legislación vigente), pero lo normal será encontrar una pregunta de cada época de la filosofía, o al menos preguntas por tres épocas diferentes. Así el alumno está obligado a conocer todo el temario, sin poder descartar ninguna de las cuatro partes de la Historia de la Filosofía.
4. CRITERIOS DE CORRECCIÓN Y CALIFICACIÓN
1. El ejercicio será considerado conforme a los criterios de evaluación establecidos en el Real Decreto 1467/2007 de 2-11-2007, el Real Decreto 1892/2008 de 24-11-2008 y el Decreto 85/2008, de 17-06-2008 de la Consejería de Educación y Ciencia de Castilla-La Mancha
2. La valoración se expresará cuantitativamente con calificación de 0 a 10 puntos. Los márgenes de variación son de 0’25 en 0’25.
3. Esta prueba consta de dos opciones. El alumno debe optar por una de las dos opciones y responder a todas las preguntas de la opción elegida. Puede contestar las preguntas en el orden que quiera.
4. La primera cuestión exige que el alumno narre una visión panorámica de la filosofía del periodo que se le indica. Es importante que haya una narración donde se vea cómo unos filósofos se enlazan con otros, no ideas dispersas de autores disgregados y que el alumno aplique los conocimientos que tiene a la perspectiva concreta de la pregunta. Vale 2 puntos.
5. La segunda cuestión exige del alumno la exposición ordenada de lo que se le pregunta acerca de los filósofos del programa. Teniendo en cuenta la imposibilidad de tiempo y espacio para exponer la totalidad de la cuestión, el alumno será juzgado por lo que pone, no por lo que deja sin poner; lo importante es que aborde la pregunta exponiendo ideas relevantes del autor. Si el alumno en el examen va saltando de una idea a otra sin enlazarlas se puede poner hasta 1’5. Sólo cuando la respuesta esté organizada con coherencia se le podrá calificar con 2.
6. Los criterios serán los mismos que en la cuestión 2ª.
7. Los criterios serán los mismos que en la pregunta 2ª, pero la pregunta será sobre un contenido más corto y su valor será 1. Si va saltando de una idea a otra sin enlazarlas se puede poner hasta 0’75. Sólo cuando la respuesta esté organizada con coherencia se le podrá calificar con 1.
8. La cuarta pregunta vale 3 puntos, repartidos de la siguiente forma: sitúa al autor en su momento histórico (0’25), señala el tema o el problema del texto (0’25), indica las ideas principales (0’5), muestra las relaciones entre ellas (0’5), explícalas (1) y pregunta sobre la vigencia actual (0’5). El alumno debe responder en este mismo orden las cuestiones de esta pregunta.
9. En cuanto a las faltas de ortografía, si son repetidas, se podrá bajar hasta 0’5 por faltas de acentos, hasta 0’5 por faltas en los signos de puntuación y 0’25 por cada
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palabra repetida con otras faltas de ortografía que no sean acentos, todo ello hasta un máximo de 2 puntos.
5. TEXTOS
miércoles, 9 de junio de 2010
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