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miércoles, 8 de diciembre de 2010

CONTEXTO FILOSOFÍA MEDIEVAL.-


CONTEXTO HISTÓRICO DEL CRISTIANISMO.-
El cristianismo es una religión no una filosofía. Por eso, en sentido estricto, sólo cabe hablar de filosofía cristiana en referencia a la filosofía hecha por los cristianos. Aunque ésta sea una filosofía que parte de supuestos e intereses distintos a la de los filósofos anteriores, y por esto consta de un desarrollo propio y diferenciado.
La religión cristiana entra en contacto con la filosofía griega en el siglo II de nuestra era, justo desde el momento en que hubo conversos cristianos de cultura griega. El marco donde se produce el encuentro es el helénico, caracterizado por el predominio de la especulación racionalista griega. Desde esa perspectiva racionalista helénica las nuevas nociones cristianas, como la de la fe, apenas se entienden. Pero la necesidad doctrinal que tiene el cristianismo de expandirse, y de defenderse de las críticas racionalistas, hace que comience a incorporar y manejar nociones puramente filosóficas —como la de "Logos"— tomadas del helenismo, y con ellas intenta explicar y hacer comprensible su mensaje.
La Patrística será, en cierto modo, resultado de esa asimilación de nociones y conceptos filosóficos, y representará el primer intento de cristianización del pensamiento helénico; su fuente principal será el platonismo medio y el estoicismo romano, y será un pensamiento realizado por los denominados "Padres de la Iglesia", que presentaron dos orígenes diferenciados: griego y latino. La Patrística, que se desenvuelve aproximadamente desde el siglo II hasta el concilio de Calcedonia (451), presenta su apogeo con S. Agustín. A la muerte de éste en el siglo V acaba la Edad Antigua y se inicia la Edad Media.
Debido a las invasiones bárbaras el tiempo que dista desde el s. V al IX no presentará novedades filosóficas. Se trata de una época de recapitulación de la antigüedad donde cabe destacar a Boecio y a San Isidoro de Sevilla. Finalmente a partir del s. IX, y como consecuencia del renacimiento carolingio, se inicia la escolástica.
La Escolástica es un saber de escuelas y consiste en un cuerpo unitario de doctrina que es considerado común. En él se da la colaboración de distintos pensadores individuales que aseguran una especie de continuidad al pensamiento de la escuela. La orientación del pensamiento escolástico está marcada por la influencia del pensamiento de S. Agustín, y por las aportaciones estoicas y neoplatónicas. Sin embargo, esta orientación, va a sufrir un cambio hacia el siglo XIII.
La sustancial novedad que presentará el siglo XIII en el pensamiento cristiano procede de la llegada del pensamiento aristotélico a Occidente, lo que dará lugar al aristotelismo medieval.
Aristóteles llega plenamente a Occidente en el s. XIII a través de las interpretaciones musulmanas, especialmente la de Averroes, hasta el punto que llega a confundirse el pensamiento aristotélico con la interpretación que de él da Averroes.
La reacción a este Aristóteles averroísta fueron varias. Muchos lo rechazan (este es el caso de San Buenaventura), dando lugar a una reacción antiaristotélica, por entender que pone en duda el pensamiento tradicional cristiano basado en San Anselmo y San Agustín, especialmente en dos temas: la creación del Universo en el tiempo, que para Aristóteles era eterno y sin creación y la inmortalidad de la personalidad tras la muerte, que desde la interpretación averroísta se hace imposible. Otros, como Sto. Tomás de Aquino verán en Aristóteles un poderoso instrumento para la expresión de la teología, con tal de que se distinga Aristóteles de su carga averroísta. Esta aceptación modificada dará lugar a la aparición de un nuevo aristotelismo cristiano, pero de origen tomista. Y por último, un tercer grupo, los averroístas latinos, entendieron que el verdadero Aristóteles era el comentado por Averroes. Este grupo, que se considerarán a sí mismos los genuinos aristotélicos, se concentra en la universidad de París (entre ellos destacará Siger de Brabante), y formarán una oposición al aristotelismo cristiano de Tomás de Aquino.
La última novedad teológica, y ya en el s. XIV, es el nominalismo de Ockham, con el que la separación entre el ámbito religioso y el de la filosofía se agiganta.
Es época de un nuevo modo e interés del pensamiento que pondrá al hombre y a la naturaleza como centro de su especulación y que dará como resultado el Renacimiento.

LOS PROBLEMAS CENTRALES DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA:
Los problemas de la escolástica, como antes los patrísticos, son ante todo problemas teológicos que suscitan un amplio abanico de cuestiones filosóficas las cuales cabe reunir en cuatro grandes problemas capitales: el conocimiento de Dios, la creación, los universales y la relación entre la fe y la razón, (especialmente los tres últimos temas constituirán el centro de debate de la filosofía en la Edad Media).
El debate de algunos de esos temas irá evolucionando de una manera paralela. Y de hecho, en esa evolución, queda registrada la historia entera de la relación entre cristianismo y filosofía.
Como trasfondo general de la especulación cristiana se encuentra el intento de reconciliar dos clases de seres muy distintos: Dios y la creación (con especial atención al hombre). Dios es transcendente, el hombre inmanente, y sin embargo el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. Por ello el hombre, por una parte, comparte el logos (la razón) con Dios, pero por otra es un ser material, creado. La Edad Media lo describirá como un cierto intermediario entre la nada y Dios. Y esta situación de ser intermedio entre Dios y la nada, que comparte con la creación, tiene su reflejo en los distintos ámbitos humanos, haciendo que el hombre se encuentre en todos ellos necesitado de Dios.
Es sobre ese modelo de relación que irá discurriendo el pensamiento cristiano. Y así, irá pasando de entender la creación absolutamente dependiente del creador, a ir paulatinamente dando autonomía a la creación respecto a Dios. Al final, la autonomía será tan grande, que tanto la naturaleza, como el propio hombre, se constituirán como objetos de estudios totalmente independientes de Dios.
2.1 La creación:
La creación es el primer problema, tanto en importancia como en ordenación, de la Edad Media, y de él se derivan en cierto modo los demás.
La creación en sentido cristiano es creación de la nada, básicamente de la nada todo. La creación no debe confundirse con lo que los griegos llamaban génesis o generación que no es más que un modo de movimiento sustancial según el cual, por ejemplo de la madera se da la mesa, esta concepción entendida como creación da como resultado el panteísmo.
Existe un principio lógico, de ascendencia parmeniana, aceptado en la edad media, según el cual de la nada, nada se hace; pero el sentido de la creación impone el matiz decisivo de que de la nada, nada puede hacerse sin la intervención de Dios. El mundo aparece pues, en la perspectiva cristiana, como contingente; no tiene en sí una razón de ser, sino que la recibe de otro, de un ser necesario que es Dios. Este planteamiento inicial da dos modos de ser, tal vez irreconciliables, creador y creación. Su reconciliación es el proyecto metafísico por excelencia del cristianismo, especialmente en la Edad Media.
La relación de dependencia entre el mundo creado y el creador variará a lo largo del período. En principio el mundo, que debe su razón de ser a Dios, no se basta a sí mismo, aun después de ser creado necesitará el concurso continuo de Dios que no sólo tiene el papel de creador sino de conservador con una acción continua y constante que evite la caída del mundo en la nada de la que salió; esto equivale a una creación continuada. El fundamento óntico del mundo se encuentra en Dios, no sólo en origen sino de un modo actual, la supeditación del mundo a Dios es total.
Esta concepción va debilitándose gradualmente en el posterior desarrollo de la escolástica hasta que al final de la Edad Media, dentro del nominalismo de los siglos XIV y XV vacila. Se entenderá entonces que ya no es necesaria esa creación continuada, el mundo ya no necesita ser conservado; sigue siendo un ser dependiente del creador, pero el ser que Dios le da en la creación le permite seguir existiendo por sí solo. Dios deja de cooperar en la conservación del mundo limitándose a dejarle ser. El mundo adquirirá autonomía, como criatura abandonada, a sus propias leyes.
La consecuencia de esto será la posibilidad de entender el mundo como un mecanismo autónomo de Dios; como un objeto de estudio que, al funcionar con las propias leyes que Dios le proporciona, puede estudiarse con independencia de Dios; es decir, la naturaleza se hace objeto autónomo de conocimiento.
2.2 Los universales:
Los universales son los géneros y las especies, los cuales se oponen a los individuos. La cuestión es saber que tipo de realidad corresponde a esos universales; de la solución que se de a esa cuestión dependerá que idea se tenga del ser y del conocimiento de las cosas. Al mismo tiempo y vinculados a esta cuestión se sitúan toda una multitud de problemas metafísicos y teológicos.
La Edad Media parte de una postura extrema, el realismo, para desembocar en otra posición extrema y opuesta: el nominalismo. Ambas mantienen una temprana disputa que invertirá en el tiempo la postura dominante.
El realismo considera a los universales anteriores a las cosas individuales y basa en Dios, bien como receptáculo de estos, bien como ideas suyas, su realidad y cognoscibilidad. La solución realista presenta una gran sencillez y se presta a la interpretación de varios dogmas, como el del pecado original, que no era realizado por un individuo particular sino que, en esencia, Adán representaba a la humanidad.
El realismo extremo pone el acento de la importancia en la especie, pero poco a poco va transfiriéndose esa importancia al individuo, como ocurre ya con Tomás de Aquino en el s. XIII.
El s. XIII marca una gran influencia aristotélica, más allá de sus escritos sobre lógica (conocidos tempranamente por las traducciones de Boecio), en contraposición a la preponderancia que Platón había obtenido por su influencia en S. Agustín. Tomás de Aquino representa el realismo moderado que entiende al individuo como miembro, no ejemplo, de una especie. Los universales serán ahora algo que tiene existencia pero que no la tiene separada de las cosas. No es claramente una sustancia separada como en el realismo extremo sino que son en la sustancia.
Por último el nominalismo, abierto por Escoto y desarrollado por Ockham niega los universales en la naturaleza quedando éstos como creaciones mentales del individuo. Esto posibilitará que se entiendan como símbolos de las cosas. El tipo de conocimiento es ahora simbólico, la naturaleza no se debe al universal sino que el universal se debe al comportamiento de la naturaleza. Y entonces se hace posible el conocimiento como conocimiento de los fenómenos que pueden quedar reflejados en el símbolo, especialmente en el símbolo matemático. Esto proporcionará el instrumento ideal con el que construir una verdadera ciencia de la naturaleza: las matemáticas; lo cual tendrá una gran influencia en el desarrollo de la “nueva ciencia” de la edad moderna.
2.3 La relación fe-razón:
El tercero de los temas es la razón. El logos es una noción que aparece en los primeros textos cristianos identificándose a Dios (en el evangelio de Juan se dice: “En el principio era el logos”); es decir, que Dios es palabra y razón. Así pues, Dios, que es el logos, proporciona un mensaje al hombre, y eso es lo que hace del cristianismo una religión revelada.
La fe en el dogma no necesita razonamiento, ni la verdad que ella enuncia demostración. Pero los dogmas son proposiciones no siempre conectadas, que para ser comprendidas necesitan una interpretación que no proporciona la fe por sí misma, sino la razón.
Bajo esta consideración la filosofía podrá utilizarse como instrumento aclaratorio de la revelación en sus distintos dogmas. Pero con ese uso benéfico de la filosofía convive el peligro de que la razón desee anteponerse al dogma, e incluso llegue a declararle inválido. Por eso, las posturas cristianas, serán ambivalentes respecto a la razón, por un lado aparece como un instrumento valioso a la teología —la filosofía sierva de la teología— pero por otro presenta el peligro de reclamarse autónoma y contradecir a la propia revelación.
El intento más maduro de la Edad Media intentará unir la filosofía a la revelación en la denominada teología natural que, distinta de la teología revelada, forme con ésta un sistema total de conocimiento que armonice razón y fe.
Sin embargo, siempre subsistieron en el cristianismo, con mayor o menor pujanza, oposiciones a la filosofía por considerarla si no inútil, peligrosa, e incluso perniciosa para la fe.

El proceso histórico en la relación fe-razón:

El cristianismo, al llegar a Occidente, se encuentra con unos sistemas de pensamiento marcadamente racionalistas y de raíz helena. Esta irrupción cristiana significa en la práctica la puesta en contacto de un modo de pensamiento y vida basado en la razón, y representado por el pensamiento heleno, con otro modo, de ascendencia judía, basado en la fe, y que viene a ser la nota diferenciadora de las religiones reveladas.
Pues bien, del choque entre la nueva religión y la vieja filosofía dos variantes se hacían posibles, o la filosofía se subordinaba a la religión, o la religión se subordinaba a la filosofía. Esa última fue la denominada variante gnóstica.
La idea general del gnosticismo es la pretensión de hacer del conocimiento, en sustitución de la fe, el medio de salvación. La revelación quedaría pues subordinada al conocimiento racional y el cristianismo pasaría así de ser una religión a ser una filosofía religiosa. La variante gnóstica irá perdiendo paulatinamente importancia, y terminará por ser declarada herética en el concilio de Nicea (325), que es donde se fijan los cánones cristianos y se da fin al período de formación del cristianismo.
Durante la Patrística las posiciones cristianas respecto al valor de la filosofía, y con ella el valor de la razón, varían. Algunos de los padres de la Iglesia la consideran un peligro (Taciano, Tertuliano), otros un complemento y ayuda (San Justino, Clemente de Alejandría). De modo general se sitúa como principal la revelación, y la filosofía, en el caso de una valoración positiva, queda como auxiliar suya.
San Agustín (354-430) no se preocupa de marcar diferencias entre fe y razón. La verdad revelada se le da a la razón para que ésta haga comprensibles sus contenidos. No hay sitio para contradicción, puesto que la verdad es una. Y de hecho, para hallarla, se debe entrar en uno mismo, porque la verdad está en Dios y a Dios le encuentra el hombre en sí mismo.
La concepción agustiniana se mantiene sin oposición hasta el siglo XIII. En ese siglo irrumpe Aristóteles en la Edad Media.
El averroísmo latino propondrá una forma de relación distinta. Averroes consideraba a Aristóteles como la culminación de la ciencia humana, y su sistema como la suprema verdad, la cuál chocaba con la interpretación islámica ortodoxa. Como consecuencia propone la denominada teoría de la doble verdad, la cuál señala que una proposición verdadera puede ser claramente entendida en filosofía y alegóricamente expresada en teología. El Corán expresa la verdad de manera adecuada para el hombre iletrado, el hombre ordinario, mientras que el filósofo extrae el núcleo de lo alegórico y llega a la verdad desnuda de sus elementos y ornatos. Por tanto Averroes subordina la teología a la filosofía, y hace que sea el filósofo quien deba decidir que pasajes y teorías coránicas debían entenderse alegóricamente y cuales no, y cómo debían ser entendidas.
Esta es la teoría que aceptarán los averroístas latinos. Sin embargo en 1277 sus propuestas son condenadas en una sentencia que entiende la teoría de la doble verdad de un modo distinto. Esta forma de entenderla suponía que tal teoría afirmaba que una misma proposición podía ser verdadera en filosofía y falsa en teología, dándose una doble verdad de hecho, sin embargo esa no era la propuesta original.
Una forma diferente de ver la relación entre fe y razón es la propuesta en el s. XIII por Tomás de Aquino. Tomás supone que hay una perfecta adecuación entre fe y razón que posibilita una teología racional, aunque orientada por la revelación. De hecho, es que las mismas pruebas de Dios parten de datos sensibles para elevarse a Dios a través de la pura razón. Tomás significará un punto de equilibrio entre razón y fe que posteriormente se inclina en el nominalismo a una separación radical.
En el nominalismo, que se hace pujante en el s. XIV, la teología aparece como algo sobrenatural, en ella nada tiene que hacer la razón, su campo no es ya teórico sino el práctico y moralizante. De esta forma la filosofía queda dueña del logos y el hombre posibilitado para el libre ejercicio de la razón; como en el caso de Ockham, para quien es al hombre al que corresponde la razón (aunque limitada), y a Dios la omnipotencia, el no estar sometido a ninguna ley, ni siquiera de la razón, que pudiera mermar su libre albedrío. Ahora bien, si Dios no es razón, la razón humana no puede ocuparse de él.
Así pues, la divinidad deja de ser el gran tema teórico del hombre al acabar la Edad Media. La divinidad viene a ser sustituida por dos objetos asequibles a la razón: el mismo hombre y el mundo, que darán lugar al humanismo y a la ciencia de la naturaleza, los dos grandes temas del Renacimiento.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

INTRODUCCIÓN FILOSOFÍA MEDIEVAL

APARICIÓN DEL CRISTIANISMO.
 
           Roma es heredera de la cultura griega que en los tiempos del imperio alejandrino, tras su expansión por oriente toma contacto con los cultos mistéricos orientales. La pérdida del marco colectivo de la polis y la necesidad de salvación individual que aquel clima propiciaba desemboca en unsincretismo religioso que dará lugar a la aparición de la gnosis y del cristianismo.
 
            En el clima filosófico y religioso del período helenístico-romano la aparición del cristianismo no supone un hecho extraordinario si se tiene en cuenta que podía ser considerado como una más de entre otras tantas opciones religiosas importadas de las tierras conquistadas por el Imperio.
 
            Tres son los principales rasgos de la filosofía de esta época:
  Una predominante y creciente orientación hacia cuestiones ético-políticas.  
  • Una preocupación salvífica que la hace progresivamente permeable a influjos místico-religiosos.
  •  Eclecticismo que sintetiza las tres grandes escuelas del pasado: platonismo, aristotelismo, y estoicismo.
  • La ética estoica tiene como principal característica la interiorización, consecuencia de la pérdida de la dimensión política  de la ética griega anterior. En contrapartida a ésta crisis de exterioridad se plantea el problema de la salvación individual: salvación frente al azar histórico y sobrenatural.
 
            Por otra parte, como resultado del eclecticismo filosófico se gestó una visión general del mundo como base para una especie de religión filosófica universal, en la que los principales ingredientes eran la cosmología estoica del universo vivo y armónico sometido a una conflagración cíclica; la dualidad platónica de mundo eidético y mundo sensible; la trascendencia neopitagórica del Uno-Dios, cuya distancia hasta la materia era salvada por una larga serie de ángeles y demonios; la jerarquía aristotélica de los seres en virtud del alma y la concepción del hombre como un microcosmos.
            Sin embargo, aunque obsesivamente preocupada por el problema de la salvación, tal religión filosófica o filosofía religiosa estaba reservada a las minorías cultas. La búsqueda mayoritaria de un dios sensible, personal y de garantías de salvación fácil encontró satisfacción en las religiones mistéricas que habían ido penetrando en el Imperio desde Oriente. Lo esencial de los misterios (de Dionisos, Atis, Adonis, Osiris, Mitra, etc.) es el culto a un dios que muere y renace. Mediante los rituales los fieles tratan de reproducir la peripecia del dios en virtud de cuya imitación se garantiza la salvación. La muerte y el sufrimiento del dios, al suponer una asunción de lo esencial de la vida humana (el dolor y la muerte), implica una humanización del dios cuya contrapartida es la de posibilitar una divinización del hombre.
 
            Entre las ceremonias más repetidas y comunes a diversos cultos se hallaba la comida comunitaria de los fieles en la que comulgaban al propio dios ingiriendo su sustancia y obteniendo en virtud de ello la gracia divina.
 
           Las notables similitudes de los misterios con el cristianismo paulino (de San Pablo)  se presentan también en el caso del hermetismo. ElCorpus Hermeticum es un conjunto de escritos compuestos durante los tres primeros siglos después de Cristo atribuidos a la revelación del dios egipcio Thot ( Hermes Trimegistos para los griegos). En este corpus encontramos ideas como: el Dios Padre es Luz, Nous, Sabiduría, y el Verbo es su hijo; el mundo sensible se forma por una especie de división interior de la voluntad de Dios que, habiendo recibido en sí al Verbo, genera un segundo Nous o Demiurgo, creador de los cuerpos celestes y de la vida animal; el primer Nous engendra al Hombre arquetípico, imagen del Padre, a quien hace donación de toda su creación; pero el hombre se enamora de la Naturaleza ; esto tiene como consecuencia la Caída. Ahora el hombre  tiene una doble naturaleza, mortal e inmortal, esta última deberá ser redimida mediante la ascesis.
 
            El esfuerzo que caracterizó al período helenístico fue el intento de reducir todas las religiones y filosofías conocidas a una sabiduría única. Tal fue el empeño de la Gnosis. A menudo se confunde la gnosis con una herejía cristiana que surgió en los siglos II y III, olvidando que es anterior y mucho más amplia que el cristianismo.
              Espero que lo hasta ahora dicho sirva para ilustrar el clima religioso-filosófico en el que entra a escena el cristianismo, así como para dar cuenta de algunas de las transformaciones que se operan en él al contacto con este clima inicial. No obstante, y a pesar de su tardía elaboración (ninguno es anterior al año 70), ni tan siquiera en el núcleo más antiguo de los Sinópticos (evangelios de San Marcos, San Mateo y San Lucas. El evangelio de San Juan merece capítulo aparte) pueden encontrarse indicios de lo que serán dogmas fundamentales de la ortodoxia futura: la Encarnación , Divinidad de Jesús y la Redención. Los tres son fruto de la helenización del cristianismo tempranamente iniciada por San Pablo.
 
            El verdadero fundador de lo que históricamente ha sido el cristianismo fue San Pablo. Su particular interpretación teológica de la figura de Jesús acabó por vencer al judeo-cristianismo primitivo, inaugurando una evolución doctrinal que culminaría en el siglo IV en la ortodoxia de la Iglesia Romana, tras fuertes polémicas en las que se fueron seleccionando los escritos que se consideraban canónicos de los que no debían serlo; fueron eliminados los llamados evangelios apócrifos (
Evangelios de Eva, María Magdalena, Judas Iscariote, Tomás, Matías, Felipe, Basílides, de los egipcios, etc.)que tanta actualidad han cobrado con novelas como el Código DavinciEl último merovingio, etc.… La culminación de esta helenización del cristianismo la representa el Evangelio y las Epístolas  de San Juan terminados alrededor del año 98 de nuestra era. La clave de la suerte futura del cristianismo se encuentra en el prólogo evangélico (Juan I, 1-18) que tras recoger la teoría de Filón ( 15 a . C.-41 d. C.) del Lógos divino, añade lo que marcará el rasgo distintivo del cristianismo : El Lógos se hizo carne y acampó entre nosotros. Todo el resto del Evangelio (lleno de contradicciones con respecto a los Sinópticos) no es más que la interpretación teológica y mística de la vida de Jesús al servicio de esa tesis.
              Como decíamos, el cristianismo es, entre otras cosas,  la historia de una polémica entorno al significado de la figura de Jesús: por una parte lacomunidad de Jerusalén, por otra San Pablo. La clave del debate era la interpretación del sentido de la crucifixión , la redención y la Parusía (la segunda venida de Jesús que traería la salvación). Para San Pablo la crucifixión suponía ya la redención de los pecados: mediante su sacrificio Jesús había salvado a la humanidad, de una vez y para siempre, y dicha salvación es actualizada eternamente en el rito de la eucaristía mediante el que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y precisamente es la comunión la que abre la puerta al Reino de Dios, situado así en el interior del creyente. En cambio, para la comunidad de Jerusalén la figura de Jesús se correspondía con la idea judía de Mesías (ungido de DiosCristos en griego) que traería el Reino de Dios a la Tierra. Pero la crucifixión en un principio fue mal acogida porque suponía el fracaso del Mesías (¿Podría consentir Dios la muerte de su elegido?) Superada esta primera decepción, surgió la fe en la resurrección, sin embargo, las antiguas comunidades de Jerusalén esperaban la segunda venida de Jesús, la Parusía , en la que Jesús aparecería como Rey victorioso y Juez supremo, instaurando el Reino de Dios. Todavía siguen esperando! Así las cosas, la interpretación de San Pablo fue la triunfante, y el cristianismo actual es nada más o nada menos que una interpretación de la figura de Jesús en clave filosófica, llena de elementos de religiones mistéricas, estoicos, neoplatónicos, gnósticos, herméticos, etc.…

2. FE Y RAZÓN EN LOS PADRES APOLOGISTAS

            Es en el siglo II, después del proceso de helenización antes apuntado someramente, cuando el cristianismo sale de su intimidad sectaria y seenfrenta, literalmente, a la cultura pagana del Imperio (a partir del año 64, siendo emperador Nerón), pasa a ser una religión ilícita. La vocaciónuniversalista del cristianismo y su dogmatismo monoteísta era una amenaza para toda la constelación de dioses del paganismo. A los ojos de los iniciados en la filosofía el cristianismo debía resultar teóricamente intolerable ya desde la misma afirmación de una creación ex nihilo, por no mencionar una ética de lo pusilánime que luego Nietzsche calificaría como una ética de esclavos. Comparemos brevemente cuáles eran las diferencias esenciales entre la filosofía griega y el cristianismo: 
   TEMAS
   CRISTIANISMO
     FILOSOFÍA
MUNDO
Creación ex-nihilo
Absurdo que del No-Ser surja el ser.
 DIOS
Monoteísmo: Dios es uno 
Omnipotencia divina
Politeísmo y agnosticismo
Aristóteles: Motor inmóvil. Puro acto
 

HISTORIA
Dios interviene en la historia: Providencia divina
Dios se hace hombre y muere: acontecimiento central en
 la H historia
Sentido de
 la Historia : crear el Reino de Dios en la Tierra.
La divinidad en su perfección no necesita moverse o intervenir en los asuntos humanos. 
La Historia no tiene sentido. Es cíclica. Eterno Retorno

VERDAD
La verdad es una. Verdad= Palabra de Dios: Biblia
La verdad es múltiple y relativa 
El conocimiento del hombre es limitado
 ÉTICA
El hombre es libre.Bueno o malo según use su libre albedrío. 
Predominio de la voluntad 

El mal no procede de la libertad, sino de la ignorancia. Intelectualismo moral. 
Predominio de la Razón

             En primer lugar habría que matizar que la noción de la creación ex nihilo, el libre albedrío y la concepción lineal de la historia y el monoteísmo se deben a la herencia hebraica, y por lo tanto no son una creación original cristiana. Lo que sin duda es una de las características más sobresalientes del cristianismo es su talante universalista y su ética basada en la piedad, contrastando así, con la Ley del Talión judía y con la ética de corte aristocrático pagana.           
              A estas razones de tipo teórico se unían otras de tipo sociológico: la falta de crédito que suponía el reclutamiento de partidarios entre las clases más bajas, oprimidas e iletradas de la sociedad. Por otra parte se había levantado en torno al cristianismo toda una leyenda negra sobre lo sanguinario de sus rituales y lo bárbaro de sus conductas, probablemente esto no fuera más que una acción propagandística de sus adversarios, o una extrapolación de los rituales de otras sectas de la época.
             Los apologistas, palabra que significa defensores, trataban de salir al paso de las acusaciones que se imputaban a los cristianos. Sería interesante trasladar aquí un pasaje del Octavio  del apologeta latino Minucio Félix, cuyo protagonista es Cecilio, personaje que encarna a un romano medio y que nos ilustra sobre el clima anticristiano del siglo II:
              "Gentes que forman una conjuración sacrílega de hombres ignorantes de la última hez de la plebe y mujercillas crédulas, fáciles de engañar por la misma fragilidad de su sexo, que se juntan en nocturnos conciliábulos y se ligan entre sí por ayunos solemnes y comidas inhumanas; casta que ama los escondrijos y huye de la luz, muda en público y gárrula por los rincones. Desprecian, como sepulcros, nuestros templos, miran con horror a nuestros dioses, se mofan de nuestro culto; rechazan, desarrapados ellos, nuestros honores y púrpuras. ¡Qué maravillosa necedad e increíble audacia! Desprecian los tormentos presentes, mientras tienen miedo de los inciertos y por venir; y temiendo morir después de la muerte, no temen morir de presente. De tal suerte una esperanza, para engañar su pavor, les lisonjea con consuelos de resurrección.
            Y ya, como sea ley que lo peor se propague con extraña fecundidad, favorecidos por la creciente corrupción de las costumbres, vemos cómo por todo el mundo se están multiplicando los abominables santuarios de esta impía coalición"
             Como se notará, tras el ardor de esta crítica pagana al cristianismo los apologistas tenían por delante una ardua tarea.
             Entre los apologistas griegos, a los que nos referiremos como APOLOGISTAS ORIENTALES:
http://ficus.pntic.mec.es/amoe0013/FILO-II/imafilo2/medieval/justino.jpgJUSTINO (100-164) se esfuerza en acercar teóricamente el cristianismo a la filosofía. En su opinión, la filosofía conduciría a Dios, es más, ella sería  un paso necesario, pero intermedio, hacia la sabiduría cristiana en la cual concluiría la búsqueda del conocimiento y se resolverían todos los problemas que la filosofía  pagana se plantea.
            ATENÁGORAS (-+170) en su apología titulada Súplica para los cristianos  se propone refutar las tres acusaciones que comúnmente se lanzan contra ellos: el ateísmo, los banquetes tiesteos (caníbales) y el incesto a la manera de Edipo. Atenágoras recurre por primera vez a una  prueba racional de la unicidad de  Dios y por consiguiente, la refutación del politeísmo. En cuanto a las relaciones con la filosofía, se sitúa en la misma línea que Justino al opinar que hay una sola sabiduría o filosofía verdadera que se alcanza mediante la Revelación y para la cual la filosofía griega puede ser una propedéutica.
    MINUCIO FLAVIO (+-180) comparte los mismos presupuestos que Atenágoras.
http://ficus.pntic.mec.es/amoe0013/FILO-II/imafilo2/medieval/clemente.jpgCLEMENTE DE ALEJANDRÍA (150-215), principal impulsor de las teorías del robo y de su inspiración por el Lógos, considera en consecuencia que la filosofía no es sólo una preparación para el cristianismo, sino también una importante ayuda en su comprensión. Aunque por encima de la filosofía se sitúa la fe, ya que ésta es la revelación de la verdad por parte del Lógos, más allá de la fe se sitúa la gnosis, cuyo objeto es el conocimiento de Dios, reservado a una selecta minoría y obtenido por la vía negativa.           
            Frente a los ya mencionados apologistas orientales que han intentado establecer la continuidad del cristianismo y la filosofía griega y han presentado la doctrina cristiana como la verdadera filosofía, que la revelación de Cristo ha conducido a su última perfección, los:
APOLOGISTAS OCCIDENTALES que relacionaremos a continuación, tienden a reivindicar la originalidad irreductible de la revelación cristiana en relación con la sabiduría pagana y fundarla en la naturaleza práctica e inmediata de la fe, antes que en la especulación filosófica . Este carácter de la apologética se  manifiesta sobre todo en:
http://ficus.pntic.mec.es/amoe0013/FILO-II/imafilo2/medieval/Tertullian_2.jpgTERTULIANO ( 160-?). Su punto de partida es la condena de la filosofía, que ,según él, es la fuente de todas las herejías. No sólo el testimonio de la fe da cuenta de la razón del cristianismo, también el alma, a la que Tertuliano asimila al sentido común puro y simple más que a la conciencia como posteriormente hará Agustín de Hipona.
             Entre los griegos, TACIANO (+-170) mantuvo igualmente una postura hostil frente a la filosofía pagana.
             Tanto los apologistas partidarios del diálogo con la filosofía como aquellos otros que la deploran utilizan principalmente dos teorías para explicar las  coincidencias entre cristianismo y filosofía. La primera de ellas, la teoría del robo de los filósofos, procedente de Filón de Alejandría, según la cual éstos tomaron del Antiguo Testamento las únicas verdades que se pueden encontrar en la filosofía pagana. El segundo argumento: la teoría estoica del Lógos, que fue primero platonizada, después incorporada al judaísmo por parte de Filón y más tarde al cristianismo en el Evangelio de San Juan. Tras convertir al Jesús histórico en el Lógos encarnado y olvidado el largo proceso que ha conducido a ese resultado, los cristianos del siglo II se sorprenden al encontrar en la filosofía pagana las verdades que ellos les han robado y recurren para explicarlo a lainvención de una teoría que postula una revelación parcial del Lógos anterior a su encarnación en la figura de Cristo. Paradójico.
      La obra de los apologistas no debió dirigirse tan solo contra los enemigos externos del cristianismo, sino también contra los enemigos internos, es decir contra la gnosis llamada herética. Mientras que para la gnosis considerada herética la Redención de Jesús consistió principalmente en la transmisión de un saber salvador, oculto hasta entonces, para la denominada gnosis ortodoxa lo principal está en la Redención del pecado humano mediante la pasión, muerte y resurrección, haciendo hincapié en la fe, y no en el conocimiento como la gnosis "herética".
             Hasta ahora hemos visto cómo el cristianismo  que ha llegado hasta nosotros no es un fenómeno puro y aislado, sino que ha seguido un proceso de contaminación filosófica y de otras religiones anteriores contemporáneas a él. Por supuesto, lo mismo cabría decir de la filosofía, también ella es fruto de esa contaminación. Sin embargo, el cristianismo